¿Alguna vez has pensado en lo que son esos durmientes que están bajo el ferrocarril? Cada uno es un hombre, un irlandés o un yanqui. Los rieles se apoyan sobre ellos, se los cubre con arena y los vagones corren suavemente por encima. Son durmientes de una pieza, se los aseguro.
Y cada pocos años se coloca una nueva tanda y se pasa por encima de ellos; de modo que, si algunos tienen el placer de viajar sobre un riel, otros tienen la desgracia de ser pisoteados.
Y cuando atropellan a un hombre que va sonámbulo, un durmiente supernumerario en la posición incorrecta, y lo despiertan, detienen los vagones de repente y arman un gran escándalo, como si esto fuera una excepción.
Me alegra saber que se necesita una cuadrilla de hombres cada cinco millas para mantener a los durmientes abajados y nivelados en sus lechos tal como están, pues esto es una señal de que alguna vez podrían volver a levantarse.
¿Por qué hemos de vivir con tanta prisa y tanto desperdicio de vida? Estamos empeñados en dejarnos morir de hambre