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Conclusión

Cultiva la pobreza como a una hierba de huerto, como a la salvia. No te preocupes demasiado por conseguir cosas nuevas, ya sean prendas o amigos. Da la vuelta a lo viejo; regresa a las cosas de antes. Las cosas no cambian; nosotros cambiamos. Vende tus ropas y conserva tus pensamientos. Dios se encargará de que no te falte compañía. Si estuviera confinado en el rincón de una buhardilla todos mis días, como una araña, el mundo me parecería igual de vasto mientras conservara mis pensamientos. El filósofo dijo: «A un ejército de tres divisiones se le puede arre-batar su general y desorganizarlo; al hombre más abyecto y vulgar no se le puede arre-batar su pensamiento». No busques con tanta ansiedad desarrollarte, ni te sometas a tantas influencias para que toquen de ti; todo eso es disipación. La humildad, como la oscuridad, revela las luces celestiales. Las sombras de la pobreza y la mezquindad se acumulan a nuestro alrededor, «¡y he aquí que la creación se abre ante nuestra vista!». Se nos recuerda a menudo que, si se nos concediera la riqueza de Creso, nuestros objetivos seguirían siendo los mismos, y nuestros medios esencialmente los mismos. Además, si tu radio de acción se ve limitado por la pobreza, si no puedes comprar libros y periódicos, por ejemplo, no estás sino confinado a las experiencias más significativas y vitales; te ves obligado a lidiar con la materia que produce más azúcar y más almidón. Es la vida cerca del hueso donde es más dulce. Estás protegido de ser un frívolo. Nadie pierde jamás en un nivel inferior por la magnanimidad en uno superior. La riqueza superfluidad solo puede comprar superfluidades. El dinero no se requiere para comprar ninguna necesidad del alma.

Vivo en el ángulo de un muro de plomo, en cuya composición se vertió una pequeña aleación de bronce de campana. A menudo, en el reposo de mi mediodía, llega a mis oídos un confuso tintineo procedente del

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