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Economía

de chozas; y si una choza es pobre, esta es doce veces más pobre.

¡Válgame Dios!, ¿para qué nos mudamos nunca sino para quitarnos de encima nuestros muebles, nuestras exuviae, para pasar por fin de este mundo a otro nuevamente amueblado, y dejar este para que lo quemen?

Es lo mismo que si todas estas trampas estuvieran abrochadas al cinturón de un hombre, y no pudiera moverse por el agreste terreno donde nos ha tocado vivir sin arrastrarlas, sin arrastrar su trampa.

Afortunado fue el zorro que dejó el rabo en la tercera trampa. La rata almizclera se masticará su tercera pata para quedar libre.

No es de extrañar que el hombre haya perdido su elasticidad. ¡Qué a menudo se halla en un atolladero!

—Señor, si me permite la osadía, ¿qué entiende usted por un atolladero?

Si eres un vidente, cada vez que encuentres a un hombre verás todo lo que posee, sí,

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