Regreso al Palacio de Verano
Al día siguiente la Corte regresó al Palacio de Verano. Habiendo terminado ya las festividades y los sacrificios relacionados con el cumpleaños del Emperador y habiéndose establecido la Corte en su rutina habitual, esperaba que se me permitiera trabajar con regularidad en el retrato, y que Su Majestad me dejara pintar cuando no estuviera posando.
Había mucho que podía hacer entretanto, y ella solo podía posar durante un breve periodo cada día. Hasta entonces, Su Majestad me había tratado como a una invitada en la Corte, cuyo entretenimiento era lo más importante de lo que había que ocuparse. Parecía muy interesada en la obra, pero mi pintura era un incidente y aun la «Pintura Sagrada» una consideración secundaria.
Todos estos paseos, estas encantadoras excursiones, eran perfectamente cautivadores, y, de haber ido al Palacio a divertirme, o a estudiar a Su Majestad y las costumbres y modales chinos, habría estado perfectamente satisfecha. Tenía, en la Emperatriz Viuda, un estudio psicológico lleno de un interés constante y siempre variable. Estaba viviendo una experiencia única, viendo lo que jamás podría esperar ver de nuevo, pero no se me permitía pintar en el retrato tanto como me habría gustado.
¡Si tan solo hubiera tenido permiso para trabajar más, habría sido muy feliz! Si hubiera podido hablar chino con la suficiente fluidez, sentía que obtendría lo que deseaba; ella se había mostrado uniformemente amable. Probablemente sentía que me estaba divirtiendo más de este modo que trabajando en mi pintura.