La primera de las camareras se sitúa detrás de ella a la mesa, por muchos servidores que haya; sale con ella, se sienta con ella, y duerme ya sea en su habitación o en su puerta, y es casi su constante compañera.
Cuando llega el momento de casarse, sus amas les dan un ajuar confortable, y se cuida de ellas hasta la tercera y cuarta generación; pero los hijos de los llamados esclavos son libres, a menos que la madre o los padres decidan, por su propia voluntad, venderlos, como ellos han sido vendidos, a alguna buena familia.