raras y algunos ejemplos corrientes del oficio de relojero. Hay muchos adornos extranjeros en el palacio, pero, aparte de los relojes de pared y de bolsillo, Su Majestad la Emperatriz Viuda no parece interesarse mucho por los objets d'art europeos. Desafortunadamente, lo que hay en los palacios, aparte de unos pocos regalos de soberanos europeos, son por lo general muestras muy pobres del arte europeo, y palidecen lamentablemente en comparación con las hermosas antigüedades chinas. Se trata principalmente de baratijas modernas y baratas, compradas por los nobles chinos cuando estaban en el extranjero y enviadas como regalos a Sus Majestades. Estos regalos, cuando son aceptados, se colocan en dependencias del palacio que no son de uso general.
Cuando Su Majestad se quitó las prendas oficiales (siempre se cambiaba de vestido después de la Audiencia matutina) y cuando colocaron el retrato sobre el caballete, se acercó a mirarlo.
Tras estudiarlo durante un buen rato, llegó a la conclusión de que los protectores de uñas de ambas manos no eran artísticos, y que mandaría quitar los de oro (incrustados de perlas y rubíes) para mostrar las uñas al descubierto en la mano derecha.
Me encantó esta decisión, pues los protectores de uñas destruían la simetría de la mano y ocultaban las hermosas puntas de sus dedos. Por supuesto, yo no me había atrevido a hacer ninguna sugerencia en cuanto a su atuendo o sus ornamentos. Como los escudos para las uñas son característicos de las damas chinas de alta alcurnia, estaba bien tenerlos en una mano.
Una vez decidido este cambio, se acercó a un gran jarrón que había cerca, sacó de él una flor de loto, la sostuvo de una manera encantadora y graciosa, y me preguntó si aquello no quedaría bonito en el retrato, añadiendo que el loto era uno de sus atributos. Como el color no armonizaba con el conjunto general, la sugerencia no me convenció, pero salí del paso diciendo que «todavía no estaba listo