Su reinado, contando los años de la Regencia, ya ha durado treinta años, el tercero en cuanto a duración de cualquiera de los Emperadores de la Dinastía Manchú.
Su Majestad el emperador Kwang-Hsu se acercaba al final de su trigésimo segundo año cuando fui presentada a él por primera vez. Me pareció un estudio interesante, pero no al grado de Su Majestad la emperatriz viuda, quien posee encanto y resulta sumamente fascinante.
El emperador carece singularmente de esta cualidad del «encanto» y apenas tiene magnetismo personal. Sin embargo, resulta interesante. Su Majestad es Universal, el emperador es típicamente Oriental.
En persona es de complexión esbelta y elegante, de no más de cinco pies y cuatro pulgadas de altura.
- Tiene una cabeza bien formada, con las facultades intelectuales bien desarrolladas, la frente alta, ojos grandes y castaños de párpados más bien caídos, que no tienen nada de chino en su forma o disposición.
- Su nariz es aguileña y, como la de la mayoría de los miembros de la Familia Imperial, es del llamado tipo «noble».
- Una boca más bien grande de labios finos, el superior corto con una curva orgullosa, el inferior ligeramente saliente, una mandíbula fina y bien definida, un mentón fuerte un poco más adelantado que la línea de la frente, sin un solo gramo de carne superfluo en todo el rostro, le confieren un aire ascético y, a pesar de su físico más bien delicado, una apariencia de gran fuerza contenida.
Su tez no es tan blanca y clara como la de los otros miembros de la Familia Imperial, pues los manchúes tienen la piel más blanca que los chinos; pero esto parece más el resultado de la delicadeza que algo natural en el Emperador.