un pariente político. Sin embargo, cuando se casa, pasa a ser miembro de la familia con la que contrae matrimonio; pero aun así, tal es la ascendencia de la muchacha en la familia manchú, que incluso después de casarse en otra familia, a menudo sigue dictando órdenes en la familia de su hermano y en la suya propia como antes, si no encuentra que sus propias obligaciones domésticas y su propia familia le ocupan lo suficiente como para impedírselo. > Tal es la fuerza de la consanguinidad entre los manchús, y la posición de la
La joven manchú soltera no solo goza de esta libertad en el seno de su familia, sino que posee mayor libertad en el mundo exterior que cualquier otra mujer oriental.
No están tan restringidas en su trato social como las demás mujeres orientales y, aunque no son tan cultas como las chinas, poseen mayores dotes sociales y son conversadoras más vivaces, siendo a la vez ingeniosas y alegres.
No se las obliga a casarse en contra de sus inclinaciones y algunas permanecen solteras hasta el fin de sus días, o se casan tarde en la vida si así lo desean. Estas damas solteras no sólo son respetadas por sus propias familias, sino que el mundo en general tampoco las considera objetos de compasión. Por el contrario, son recompensadas con arcos triunfales y monumentos espléndidos si han pasado una vida de doncella larga y ejemplar. Aunque las novias que llegaban al Palacio eran generalmente jóvenes, una que vino a hacer su reverencia a la Emperatriz Viuda, mientras yo estuve allí, era una dama de cuarenta y dos veranos. Había criado a dos o tres familias de hijos de sus hermanos y dirigido sus hogares; pero finalmente sucumbió a los encantos de un acaudalado funcionario, que había