Un circo europeo en el palacio
No fueron las ceremonias y celebraciones chinas lo único que estaba destinado a disfrutar mientras me encontraba en el Palacio de Verano. Empezó a hablarse de cierto «entretenimiento extranjero» que pronto se ofrecería, y cuando descubrí que ese entretenimiento extranjero iba a ser un circo, un circo europeo de verdad, me puse encantada. Llevaba dos años en China y no había tenido mucho entretenimiento europeo durante ese tiempo, y —¿he de confesar?— me encantaba el circo si los caballos y los animales eran buenos. Este circo se encontraba entonces en Tientsin, y alguien le había sugerido a Sus Majestades que sería interesante verlo. Un joven manchú fue enviado a Tientsin para investigar. A su regreso, los eunucos principales presentaron a Sus Majestades unos carteles llamativos. Cuando la emperatriz viuda vio la imagen de colores vulgares de una mujer joven del espectáculo escasamente vestida, le estuve observando el rostro y vi cruzar por él una expresión de desdeñosa altanería. Sin embargo, se animó cuando vio las imágenes de los animales haciendo sus gracias y de los hombres a caballo, ¡y se decidió que el circo fuera traído desde Tientsin! Los animales y los artistas se alojarían en uno de los parques cercanos, pero la carpa se instalaría dentro del recinto del Palacio.
Se discutieron los lugares para el circo y finalmente se decidió montar las tiendas en el extremo más occidental del lago. ¡Había allí un gran campo abierto, sembrado de nabos! Como los nabos estaban listos para ser cosechados, se decidió arrancar la cosecha y preparar este lugar para las tiendas.