adornaran a Hailo con su «traje de gala». Este consistía en dos enormes crisantemos atados en su pelo sobre las orejas. Shadza, el pug pekinés, se resentía de cualquier atavío por el estilo y fue pintado en su estado natural.
Se interesó vivamente por la pintura de los retratos de los perros, y parecía encontrar mucho más maravilloso pintar a estos animalitos, de modo que fuesen reconocibles, que hacer un retrato de ella misma.
Yo me vi obligado, por supuesto, a hacerlos muy rápidamente. Ella se sentó detrás de mí todo el tiempo que estuve pintándolos, y la rapidez con la que fueron tomando forma la asombró mucho.
Descubrí por entonces que no era la única pintora en el Palacio. Su Majestad tiene siempre un cuerpo de pintores allí. Estos pintores decoran los millares de linternas que se usan en las ceremonias y procesiones del Palacio.
Pintan la escenografía para las obras espectaculares del Teatro, y las flores utilizadas para la decoración de los muros en forma de biombo a los que ya he aludido.
Algunos son pintores de flores muy hábiles, ¡y uno hasta pinta retratos, pero jamás han visto a la emperatriz viuda sino desde lejos!
A pesar de ser mandarines de tercer rango, los pintores se veían obligados a retirarse del patio donde trabajaban cuando pasaban Su Majestad y su séquito. Era divertido ver a estos dignos funcionarios, vestidos con elegancia, siendo apresurados para salir del patio ante la llegada de Su Majestad por los eunucos que la preceden.
Sus pinturas le eran presentadas por uno de los eunucos, a través de quien ella les enviaba sus instrucciones.
Vi a estos pintores por primera vez, en la época de los crisantemos. Había algunas variedades nuevas en uno de los patios de Su Majestad que ella