Las obras de caridad, el sentido de justicia, la extravagancia y los rasgos personales de la emperatriz viuda
Las obras de caridad de la emperatriz viuda son extensas; alimenta a los pobres y socorre a los desdichados. Cuando se despierta su compasión, da con generosidad y abundancia. Sus decretos ordenan constantemente que se distribuyan sacos de arroz y alimentos entre los pobres y que se envíen a los distritos donde impera el hambre. Hay un gran refugio en Pekín, al que ella mantiene, donde se socorre y alimenta a diez mil pobres durante el año. Durante el invierno, aparecen constantemente decretos similares a este, que ordenan: «La distribución a partir de los graneros imperiales de mil quinientos pichules (133⅓ libras por pichul) de arroz para los refugios y puestos de gachas destinados a los pobres en el norte de Tung Chow». Decreto del 6 de noviembre de 1904.
También se compadece de la desgracia, intenta reparar los entuertos de los que tiene conocimiento y corregir los abusos que llegan a sus oídos.