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nydus/With the Empress Dowager of ChinaPublic
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XIII. La lancha de vapor

Todas las grandes ceremonias de los diferentes cultos se celebran en los templos del Palacio con estricta imparcialidad e igual pompa. Cualesquiera que sean las inclinaciones individuales del Emperador, y, desde luego, debe de tener sus propias preferencias, él participa en cada una de estas celebraciones. Pero su ejercicio oficial y público de la religión se limita al culto del Cielo y de la Tierra, al cual rinde públicos sacrificios anuales en el Gran Templo del Cielo en Pekín.

La tarde de nuestra primera excursión en falúa de vapor, terminada en la barcaza de Su Majestad, hubo una espléndida ceremonia en la capilla al pie de la colina coronada por el Templo de los Diez Mil Budas, en memoria de Confucio, el gran Sabio, cuya filosofía ha dirigido la vida y las leyes del pueblo chino durante casi veinticinco siglos.

Aunque es un filósofo como Platón, en China tanto las masas como las clases altas aprecian su figura y siguen sus enseñanzas. No es un líder religioso, sino un maestro ético, y aunque se han erigido muchos templos en su memoria, son como Salas de la Ciencia y no templos dedicados a una divinidad.

No hay imágenes ni de Confucio ni de los Sabios en estos templos. Son salas clásicas, desprovistas de toda ornamentación de tipo eclesiástico.

Citas de las «Analectas», pintadas en rollos, esculpidas en madera y talladas en piedra, adornan las paredes, no solo de los interiores de los templos, sino de los patios y galerías de los edificios.

En el lugar donde estaría el altar en un templo, hay un nicho sencillo, pintado de rojo con una tablilla que lleva una inscripción en oro: «El Asiento del Perfec­to».

A ambos lados hay nichos similares, que contienen las tablillas de otros cuatro grandes Sabios, entre los cuales se encontraba Mencio.

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