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nydus/With the Empress Dowager of ChinaPublic
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XXIV. El Palacio de Invierno

Antes de dejar el Palacio de Verano, la joven emperatriz me sugirió que fuera al Palacio de Invierno al día siguiente a tiempo para ayudar a recibir a Su Majestad a su llegada allí, pues, como de costumbre, yo dejé el Palacio de Verano el día antes que la Corte y me fui a la Legación de los Estados Unidos. En cada cambio de residencia de la emperatriz viuda, la joven emperatriz, las princesas y las damas de la Corte se le adelantan unas pocas horas y se sitúan en el umbral de su propio palacio de residencia para recibirla cuando llega. Para esta recepción se viste el traje de Corte completo y es, como todo lo que concierne a Su Majestad, ¡una ceremonia!

El día de la entrada de la Emperatriz Viuda en su leal Ciudad de Pekín para el invierno, en diciembre de 1903, fue un típico día invernal pequineses; el aire era fresco y claro, la atmósfera decididamente chispeante y semejante al champán. Parecía respirarse un elixir. Para sus traslados de un palacio a otro, la Emperatriz Viuda siempre tenía lo que en Inglaterra llaman «tiempo de reina».

La ciudad de Pekín se compone de tres villas amuralladas: la china, la tártara y la Ciudad Imperial. Dentro de la Ciudad Imperial se encuentra el Palacio de Invierno, cuyos muros almenados y torres están rodeados por un foso. Tras cruzar una de las grandes puertas del muro que rodea la Ciudad Imperial y atravesar el puente de piedra que cruza «el Canal Cerealista», pronto pudimos ver los espléndidos muros y las imponentes puertas del recinto del Palacio.

Los muros exteriores de ladrillo rojo del Palacio, descoloridos por el Tiempo y la intemperie hasta adquirir un encantador tono gris rosáceo, con sus hermosas construcciones en las esquinas de torrecillas de aspecto aéreo reflejadas en las quietas aguas del foso de abajo, eran de lo más pintorescos. Nos llevaron por el camino elevado más allá del foso hasta llegar a un puente de mármol (antiguamente un portón levadizo), que conduce a la

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