Una hermosa terraza de mármol blanco se extiende a lo largo de todo el lado meridional del lago. Los pabellones situados a intervalos rompen la monotonía de esta línea o acentúan las ondulaciones naturales de las orillas. Unos pintorescos desembaraderos, con sus escalones de mármol bañados por las aguas del lago, aportan también su variedad a esta terraza coronada por su hermosa balaustrada de loto.
La colina más alta del parque del Palacio de Verano está coronada por el Gran Templo de los Diez Mil Budas.
A este se accede por cientos de escalones que ascienden desde la parte más ancha de la terraza de mármol sobre el lago.
Hermosos palacios se alzan a lo largo de esta altura aterrazada.
Pintorescos pai-lou (arcos conmemorativos) están construidos en puntos tan bellos que la propia Naturaleza parece haber diseñado estas posiciones para ellos.
Una hermosa isla cubierta de verdura yace apaciblemente sobre el seno del lago, y el palacio y el templo edificados en ella parecen parte de la formación natural de piedra de la que se extienden.
Un gracioso puente de mármol blanco de diecisiete arcos conecta esta isla con la orilla septentrional del lago.
El canal de Pekín, que alimenta el lago, serpentea dentro y fuera de los terrenos con sinuosidades tan graciosas que parece algún hermoso arroyo de montaña. Las salidas hacia los lagos están atravesadas por los graciosos puentes en lomo de camello que solo los arquitectos chinos saben construir. La naturaleza y el arte se funden en todas partes de manera tan íntima, se harmonizan tanto, que resulta difícil distinguir cuál es cuál.