Había cortinajes de raso en las puertas y cortinas de seda azul sobre las ventanas de cristal de espejo. El azul, al ser el color favorito de la emperatriz viuda, se utiliza en todas las telas de los palacios que no se destinan a fines oficiales, ámbito en el cual el color es el amarillo.
A la derecha de la Sala del Trono hay una pequeña capilla con un altar, sobre el cual preside una figura del Buda contemplativo sentado sobre el loto. Este altar siempre exhalaba dulzura con ofrendas de flores frescas y fruta. Frente a la figura de Buda se encontraba el incensario, con perfumes ardiendo constantemente.
A la izquierda de la Sala del Trono se encuentran los aposentos de descanso de su Majestad, y detrás del biombo calado al fondo del salón hay una gran antesala donde los asistentes y las damas aguardan su turno para hacer su entrada en la Sala del Trono.
En la parte posterior del salón hay un magnífico biombo de cinco hojas de madera de teca, incrustado con lapislázuli, calcedonia y muchas otras piedras semipreciosas. Delante de este biombo, sobre una tarima, se erigía un trono inmenso, semejante a un diván, con un gran escabel.
Estos tronos en forma de diván, donde Sus Majestades Celestiales pueden recostarse al celebrar Audiencias, no son en absoluto del agrado de la Emperatriz Viuda, quien siempre se sienta sumamente erguida, sin apoyarse en un cojín ni en el respaldo del trono.
Salvo en el Gran Salón de Audiencias, donde utiliza el tradicional trono de estado de la Dinastía, prefiere uno mucho más ligero y bastante moderno, que ella misma ha introducido en los Palacios. Los tronos preferidos por su Majestad son de madera de teca tallada al aire, de forma circular, con cojines de amarillo Imperial. Uno de estos se encontraba en la parte delantera de este salón, sobre el cual se sentó para el retrato.