sus reinados. > Ambas habían viudado durante la mayor parte de sus vidas y cada una había gobernado sobre grandes imperios. Decía que notaba en el rostro de la reina las mismas líneas de longevidad que ella misma poseía. Probablemente sueña con una vida tan larga como la que tuvo la gran
La Emperatriz Viuda se quedó asombrada de que yo hubiera visto a tantos miembros de la familia real inglesa, y a la propia Reina, cuando nunca había tenido una «Audiencia», y se sorprendió aún más al saber que la Gran Emperatriz inglesa daba su paseo diario fuera de los muros de su palacio en «una silla abierta», y podía ser vista por cualquiera que pasara por allí.
Su Majestad me dijo que podía subir por la escalera secreta, que conducía desde su alcoba hasta el piso superior, donde se encontraba su capilla privada.
Aquí, en ocasiones especiales, los sacerdotes lama oficiaban servicios. Era un hermoso refugio, en cuya tenue y religiosa luz uno podía meditar o rezar.
Su altar mayor, con un gran Buda de oro de excelente diseño, ostentaba altos candeleros dorados que refulgían con perlas y rubíes.
Ricos y esmaltados búcaros sostenían ramos de flores enjoyadas, y los incensarios, damasquinados en oro, elevaban espirales de humo perfumado.
El suelo estaba cubierto por una espléndida alfombra de seda de amarillo imperial, y pequeñas pinturas de los santos y de atributos personificados, ejecutadas con exquisitez, formaban un zócalo alrededor de las paredes.
Ventanas de formas curiosas, con fragmentos de concha traslúcida incrustados en el elaborado enrejado, proyectaban apenas una luz tenue,