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nydus/With the Empress Dowager of ChinaPublic
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XXIV. El Palacio de Invierno

alfombrada con suntuosidad, sobre la que se alzaban un gran trono antiguo y un escabel de laca roja, enmarcados en madera de ébano e incrustados de cloisonné; el biombo de tres hojas situado detrás era de bronce, con paisajes en bajorrelieve. En cada hoja, un poema en caracteres dorados aportaba el toque necesario de brillantez a la sombriza solidez del bronce opaco.

Grandes puertas de madera, con enormes dragones dorados en alto relieve, se abrían hacia los aposentos de la derecha y de la izquierda de este espléndido vestíbulo. Estos portales estaban siempre de par en par, y pesadas cortinas de satén acolchado pendían de los dinteles. La parte delantera y trasera del vestíbulo era casi en su totalidad de cristal, con las columnas que sostenían el techo erguidas claramente entre las ventanas⁠—la mitad inferior de cristal de placa, la superior, de transparente papel coreano.

Los apartamentos de la derecha, adonde, a una seña de Su Majestad, seguí a las Damas, eran sus habitaciones diurnas.

Su sala de estar, con vistas a la galería, iluminada espléndidamente por dos flancos de ventanas, ofrecía un contraste deslumbrante con el sombrío esplendor del Salón del Trono.

El sol que entraba a raudales por las ventanas, las alegres flores y plantas vivas, las frutas amontonadas en grandes cuencos pintados, los divanes bajo las ventanas con cojines de raso, los toques de feminidad, el sutil perfume, incluso el pequeño altar a Buda⁠—todo denotaba las características de su augusta dueña, quien, en sus horas de descanso, amaba el sol y las flores, y se deleitaba en la belleza y el perfume.

Al entrar, Su Majestad se acercó al pequeño santuario, encendió tres delgadas varillas de incienso fragante y las colocó en posición vertical sobre las cenizas perfumadas del incensario de oro, a los pies de Buda.

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