confeccionada al elegante estilo manchú, en una sola pieza que iba desde el cuello hasta el suelo, abrochada desde el hombro derecho hasta el dobladillo con botones de jade. La tela de la túnica era de una seda rígida y transparente, y se llevaba sobre otra prenda interior más suave del mismo color y longitud. Del botón superior, en el hombro derecho, colgaba un collar de dieciocho perlas enormes separadas por piezas planas de jade verde brillante y transparente. Del mismo botón pendía un gran rubí pálido tallado, que tenía borlas de seda amarilla que terminaban en dos inmensas perlas en forma de pera de rara belleza. A cada lado, justo debajo de los brazos, colgaban un pañuelo de seda bordada en azul pálido y una bolsita de olor con largas borlas de seda negra. Alrededor del cuello llevaba una corbata de color azul pálido, de dos pulgadas de ancho, bordada en oro con perlas grandes. Esta corbata tenía un extremo metido en la abertura del hombro de la túnica y el otro colgando. Su cabello, negro como el azabache, estaba peinado con raya al medio, llevado con suavidad sobre las sienes y recogido en la coronilla en un moño grande y plano.
Antiguamente, todas las damas manchúes que poseen un cabello maravilloso sacaban el cabello mismo desde este rodete sobre un alfiler dorado, de jade o de concha de tortuga en forma de espada, formando un lazo de grandes alas. La Emperatriz Viuda y las Damas de la Corte han sustituido el cabello por satén para esta estructura en forma de ala, por considerarlo más práctico y menos propenso a desajustarse. Su cabello es tan sedoso y