Y Las Casas se pregunta si era muy correcto que Juan Diaz oficiara este solemne servicio en un lugar donde se solían hacer sacrificios a Satanás; pues aun entre los dos grandes y formales ejercicios de los españoles, un viejo sacerdote indígena con sus acólitos había entrado y soplado incienso ante los ídolos, como para incitar a sus dioses a vindicar su poder ante estos devotos contrarios. A la punta se le dio el nombre de San Felipe y Santiago, y a un pueblo cercano, el de San Juan ante Portam Latinam. Luego entraron en el pueblo y hallaron allí casas de piedra y calles empedradas, que a los ojos de Juan Diaz no eran muy distintas de los pueblos de construcción española. Entre tanto, un pequeño grupo penetró una o dos leguas en el interior y observó otros pueblos y tierras cultivadas.
Al cruzar hacia la costa de Yucatán al día siguiente, divisaron a lo lejos tres pueblos y, a medida que descendían hacia el sur, una ciudad «tan grande que Sevilla no podría ofrecer mejor aspecto». A continuación llegaron a una gran abertura en la costa, a la cual, después de que Alaminos la hubo examinado en una barca, dieron el