Al ver que no convenía andarse con rodeos ante los poderosos extranjeros, algunos de los más altos nobles de la ciudad fueron enviados al campamento español, con un séquito adecuado, para presentar excusas, alegando que habían temido entrar en Tlascala, un estado hostil para ellos.
Invitaron a Cortés a su ciudad, donde se
haría enmienda rindiendo la obediencia y el tributo que se consideraba debido por ellos como vasallos de su rey.55