Él y Gonzalo Guerrero, marinero y natural de Palos, eran los únicos sobrevivientes de la expedición que, casi ocho años antes, había salido de Darién hacia La Española, bajo el mando de Valdivia, cuyo naufragio y horrible destino he detallado en otra parte.16
Si bien era remiso al principio en el uso de su lengua, Aguilar conversaba bastante bien una vez que arrancaba, relatando sus estremecedoras experiencias con palabras que llenaban a sus oyentes de asombro.
Al escapar del señor de Maya, quien se había comido a Valdivia y a los demás con el mismo deleite con que el Ciclopede devoró a los compañeros de Ulises, los supervivientes se entregaron a la merced de un cacique vecino llamado Ahkin Xooc. Este, junto con su sucesor, Taxmar, los esclavizó y los trató con tanta dureza que todos murieron, salvo él y el marinero Guerrero.
Hay una ley de la relatividad que se aplica a la felicidad y a la miseria, ni más ni menos que a la conciencia mental y física.
Por caminos muy diferentes estos dos hombres se habían salvado; el primero por la humildad y la castidad, el segundo por la audacia y la sensualidad.
Asegurándose los servicios de Nachan Kan, cacique de Chetumal, el marino adoptó el vestido y las costumbres de la gente, ascendió rápidamente en el favor, se convirtió en el capitán principal de su amo, se casó con una mujer de alcurnia y comenzó a criar una prole morena; de modo que cuando los mensajeros de Cortés llegaron, declinó ser rescatado.17
Entonces, sonrojándose bajo su piel leonada, el santificado Aguilar continuó hablando de sus propias tentaciones y triunfos, en los cuales había estado tan solo como Ethan Brand al abrigar el pecado imperdonable.