españoles abandonaran la ciudad, o escaparan, los aztecas confederados debían tomar parte activa.
Solo tres de los distritos habían consentido en participar en la traición,20 y los sacerdotes de los demás habían sacrificado ese mismo día diez niños21 al dios de la guerra, y recibido la seguridad de la victoria. Tan seguros estaban de apresar a los invitados enjaulados que ya tenían preparados cuerdas y estacas para atar a los cautivos.
Cortés llamó a sus consejeros y, exponiéndoles el estado de las cosas, les pidió sus opiniones. Unos pocos, los más prudentes, aconsejaron la retirada a Tlascala, cuya hospitalidad amistosa parecía tentadora. Otros sugirieron una partida inmediata por la ruta de la amistosa Huexotzinco, mientras que la mayoría se inclinaba por un castigo rápido y eficaz de la traición como advertencia para los demás. Esto era lo que Cortés había decidido. Les mostró cuán bien se adaptaría la disposición de los patios al plan que había ideado y cuán fuertes eran en caso de un asedio.