indolentes habitantes de la llanura abrasadora que se extendía más allá. Por otro lado, los robustos esforzados de las mesetas del norte podían buscar en este sur soleado el descanso entre los variados encantos de un aire más templado, embalsamado por el incienso de una vegetación más resplandeciente.27
Era aquella una comunidad opulenta la de Quauhnahuac, rodeada como estaba de infinitos recursos y ventajas, y su gente no estaba dispuesta a entregar mansamente sus riquezas a los invasores. Y en esta determinación los respaldaba su señor, Yohuatzin,28 quien no solo era vasallo, sino también pariente de Quauhtemotzin.
Confiado en la posición inexpugnable de su ciudad, en la que los víveres eran abundantes, respondió con salvas a las demandas de las fuerzas españolas cuando estas aparecieron al otro lado de las barrancas. Parecía casi imposible efectuar el cruce y escalar el empinado muro del barranco hacia la ciudad; sin embargo, Cortés seleccionó una posición y comenzó a abrir fuego para ocupar la atención de la guarnición y cubrir a los grupos de escalada.