debemos admitir que apenas tenía un ápice de razón de su parte y que ninguna postura en la que pudiera colocarse era defendible. Era un deudor moroso, pirata, usurpador, renegado, traidor, forajido, hipócrita; pero era un villano de lo más entrañable, un soldado admirable, un héroe excepcional. Por otra parte, Velázquez tenía razón. Pero, aunque profundamente agraviado, era antipático; aunque vilmente injuriado, fue vencido. Y el monarca español no fue el primero ni el último en sonreír ante el éxito inicuo o en dar la espalda a la virtud quejumbrosa y
En el curso de la mañana llegó el soldado Barrientos, que se había estado hospedando en Chinantla, con los prometidos guerreros chinantecos, en número de dos mil.
Habían llegado al punto de reunión el día de Pentecostés, tal como se les había ordenado, pero Cortés había considerado conveniente avanzar sobre Cempoala antes de lo que tenía previsto.
Presentaban un aspecto imponente mientras desfilaban entre víveres en filas de a tres, vistosos con plumas y rodelas, el del centro con arco y flechas, mientras que sus compañeros a ambos lados portaban la formidable pica, rematada con reluciente iztli.
Fue una fortuna que no hubieran llegado a tiempo, ya que con ello se evitó un gran derramamiento de sangre. De hecho, los soldados de Narváez expresaron su temor de que les habría ido muy mal con semejantes contrarios.
Cortés, sin embargo, se mostró encantado con su llegada, puesto que esto demostraba no solo la sinceridad de su amistad, sino que mostraba a los conquistados que él en verdad controlaba ejércitos nativos.
Repartiendo algunas cuentas y chucherías, les mandó regresar pacíficamente bajo el atento cuidado de Barrientos.