«Ahora, señor Grado —le dijo al entregarle su nombramiento—, aquí tiene el cumplimiento de su ferviente deseo de ir a Villa Rica. Cuide el fuerte, trate bien a los indios y no emprenda expediciones como la de Escalante, o podría correr su misma suerte». «Al decir esto —añade Bernal Díaz—, nos guiñó un ojo a los soldados, lo cual disfrutamos de buena gana, sabiendo muy bien que Grado no se aventuraría a hacerlo, ni siquiera bajo pena de desgracia». El cargo de alguacil mayor, que ostentaba el anterior comandante, no se incluyó en el presente nombramiento, sino que se le otorgó a Sandoval, y cuando Grado protestó se le prometió una compensación a su debido
Al llegar a Villa Rica, la naturaleza malvada del hombre salió a relucir. Adoptó una actitud pomposa y esperaba que los colonos le sirvieran como a un gran señor, mientras que a los totonacas se les presionaba en busca de oro y esclavas. El fuerte y los deberes relacionados con él fueron descuidados, y el comandante pasaba el tiempo comiendo en exceso y jugando, por no