pues se argüía que una retirada en ese momento, ya que los españoles se habían revelado como simples mortales, atraería sobre ellos no solo el desprecio de aliados y compatriotas, sino un alzamiento general con los resultados más funestos. La retirada significaba también la renuncia a toda esperanza de riqueza, ascenso y honor, seguida de castigo y deshonra por sus procedimientos irregulares hasta entonces. Con Moctezuma en su poder, poseían un rehén cuyo carácter sagrado a los ojos de sus súbditos garantizaba su seguridad y doblegaba al pueblo a su voluntad, al tiempo que los vasallos descontentos podían asegurarse mediante alianzas o con la promesa de reformas. Si la captura desembocaba en la muerte del monarca, la sucesión se convertiría sin duda en motivo de división y disensión, en medio de la cual los españoles podrían influir en los asuntos en su propio beneficio. De este modo se respondieron las diversas objeciones planteadas.
En cuanto al modo de aprehenderlo, el plan más seguro indudablemente habría sido atraer a Moctezuma a sus aposentos y retenerlo allí; pero esto causaría demora y podría despertar sospechas,12 y, dado que se consideraba necesaria una acción rápida, la mejor manera sería capturarlo en su propio palacio. Así se acordó, y esa misma tarde se expusieron eficazmente los hechos y argumentos a los hombres y se hicieron los preparativos.
“Toda la noche”, escribe Bernal Díaz, “la pasamos en fervientes oraciones, implorando devotamente a Dios que dirigiera la empresa de tal modo que redundase en su santo servicio”.13
Por la mañana, Cortés mandó a anunciar que visitaría al emperador. Luego despachó a varios grupos pequeños como si fueran a dar un paseo, con órdenes de mantenerse dentro y cerca del palacio, y en el camino