Quauhpopoca, la cual había resultado en la muerte de algunos de sus hombres, y de que a él, el soberano, se le acusaba de ser el instigador. Moctezuma lo negó con indignación,18 y Cortés se apresuró a asegurarle que creía que la acusación era falsa, pero que, como comandante de una expedición, tenía que rendir cuentas de los hombres a su rey y debía averiguar la verdad. A esto Moctezuma respondió que le ayudaría; y, llamando a un oficial de su confianza, le entregó un brazalete de su muñeca que llevaba el sello imperial —una piedra preciosa grabada con su efigie—,19 ordenándole que trajera a Quauhpopoca y a sus cómplices, por la fuerza si fuera necesario.20 Cortés se mostró satisfecho, pero añadió que, para cubrir su responsabilidad como comandante y convencer a sus hombres de que el emperador era en verdad tan inocente como Cortés creía, sería conveniente que este fuera a alojarse a los cuarteles de ellos hasta que los culpables hubiesen sido castigados.21
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CAPÍTULO XVII. CAPTURA DEL EMPERADOR.
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