suavemente que él era el hombre indicado para la emergencia, y que si le ayudaban a obtener el mando, compartirían las ganancias.15
El alcalde de Santiago gozaba de buena reputación, teniendo en cuenta la época y el lugar; pues por entonces comparativamente pocos nombres en el Nuevo Mundo estaban por completo libres de mancilla.
En la flor de la virilidad, a la edad de treinta y tres años, de estatura medianamente alta, bien proporcionado y musculoso, de pecho lleno, hombros anchos, frente amplia y despejada, cuerpo pequeño, recto, enjuto y compacto, y extremidades bien torneadas, aunque algo zambo, presentaba un aspecto más bien agraciado que imponente.
Sus retratos muestran finos rasgos antiguos, con una expresión un tanto melancólica, la cual se veía acentuada por la seria ternura de sus oscuros ojos ovalados. La barba poblada aunque fina, cortada al ras, contrarrestaba en cierta medida el efecto del pequeño rostro ceniciento y servía para ocultar una profunda cicatriz en el labio inferior, recuerdo de un duelo sostenido por una cierta dama de frágil belleza.