Uno de los nobles más ancianos rompió el opresivo silencio manifestando su pesar al presenciar el dolor de su amado soberano y al escuchar el anuncio de los cambios venideros. Pero como había llegado el momento del cumplimiento de los designios divinos, ellos, como súbditos devotos y obedientes, solo podían someterse. De nuevo estalló su dolor, aunque las alusiones a los cambios que les aguardaban provocaron más de una mirada amarga. Al observar la mala impresión, Cortés se apresuró a asegurarles que Moctezuma no solo seguiría siendo el gran emperador que siempre había sido, y que sus vasallos serían confirmados en sus dignidades y posesiones, sino que sus dominios y poder aumentarían. Los cambios propuestos tenían el único propósito de detener las guerras, ilustrarlos en asuntos que aún desconocían y promover el bienestar general. Uno tras otro, empezando por Moctezuma, juraron entonces fidelidad y prometieron servicio y tributo, tras lo cual fueron despedidos con agradecimiento por su aquiescencia.22
La sumisión de los soberanos parece haber sido pacíficamente aceptada en todo el país, y la impunidad con la que incluso españoles solitarios se