nombre de Bahía de la Ascensión, por el día de su descubrimiento. Al no poder encontrar un paso en esta dirección alrededor de la supuesta isla de Yucatán, dieron la vuelta, pasaron por Cozumel y, bordeando la península, llegaron a Campeche el día 25, rescatando en su camino a una mujer de Jamaica.
Por doquier contemplaban las mismas evidencias de alta cultura vistas por Córdoba, los templos-torre y las cruces de los mayas elevándose sobre promontorios de gráciles contornos, y brillando con blancura tras colinas legendarias, llevándoles a anticipar a cada momento el descubrimiento de alguna ciudad magnífica, tal como en nuestros días le ha sido revelada a una posteridad admirada; pues mientras el Oriente entierra sus ciudades antiguas en polvo, el Occidente no por ello oculta menos eficazmente las suyas en el follaje.
Y de los monumentos a la grandeza del pasado, y de los millones infructuosos aquí engendrados, ¿quién hablará? ¿Y por qué llaman los hombres a la naturaleza considerada o bondadosa? ¿Acaso no crea solo para destruir, y otorga bendiciones y maldiciones con la misma despiadada indiferencia? De una belleza sobresaliente, es a la vez sirena, nodriza y sanguinaria arpía.
Esta árida frontera de la península descansaba bajo un dosel de cielo despejado o entoldado, y brillaba con resplandor entre sombrío y luminoso junto al golfo inconstante; y desde las llanuras irregulares del interior llegaba el aire cálido y perfumado, que hablaba aquí de mesetas sin árboles, de vegetación lánguida, y allá de bosques y arboledas siempre verdes.
«Es como España», exclamó uno. Y así llamaron al país Nueva España,9 nombre que, aplicado al principio solo a la península de Yucatán, acabó por extenderse a todo el territorio conocido después como México.
En Campeche, o más probablemente en Champotón,10 tuvo lugar un notable enfrentamiento. La flota ancló hacia el atardecer, a media legua