pero como hombres buenos y valientes debían mirar con él hacia la recompensa más alta y noble de la gloria. > «Sin embargo —añadió con picardía—, sed fieles a mí, como yo lo soy a vosotros, y pronto os colmaré de riquezas como jamás habéis soñado. No diré que esto ha de ganarse sin penalidades; ¿pero quién de vosotros teme? Somos pocos, pero somos valientes. ¡Avancemos, pues, con la obra tan bien comenzada, con alegría y
No hay pasión tan hábil como la avaricia para ocultarse bajo alguna virtud. A veces es el progreso, a veces el patriotismo, pero su capa más cálida ha sido siempre la religión.
Hay un doble beneficio para el devoto cuya religión gratifica su avaricia, y cuya avaricia se hace parte de su religión.
En la mañana del 18 de febrero se dijo misa, se bendijo el estandarte de la campaña y se invocó a san Pedro, tras lo cual las proas apuntaron hacia las islas del poniente.
Todas las embarcaciones debían seguir a la capitana, cuya luz habría de ser su guía por noche; en caso de separación, debían poner rumbo al cabo Catoche y desde allí dirigirse a Cozumel.25