en cuando para cubrir su retirada y, en una ocasión, logró despachar a dos soldados que habían permitido que la avaricia venciera a la prudencia.
No mucho después, un cuerpo de unos diez mil guerreros, reforzado por fugitivos de la ciudad, fue visto avanzando por la retaguardia como para cortar la retirada. Estaban ya muy cerca cuando fueron avistados por primera vez, y sin perder un momento Cortés cargó contra ellos a la cabeza de un cuerpo de caballería.34
Al principio se enfrentaron con audacia a los animales, y lucharon tan bien que hirieron gravemente a cuatro, además de a varios jinetes; pero el cuerpo montado no dejaba de romper sus filas y luego volvía para caer sobre la retaguardia. Este movimiento resultó decisivo, y el enemigo se dispersó en huida, desparramándose los jinetes en su persecución. Ya debilitado por la dura marcha a través de las montañas, el caballo de Cortés quedó bastante exhausto, y mientras su jinete golpeaba a diestra y siniestra a un gran grupo de fugitivos, este cayó. Al no haber ningún otro jinete cerca, el enemigo cobró ánimo y se abalanzó sobre el general, quien se había puesto en pie y se hallaba espada en mano