El consejo de los totonacas es tomar la ruta de Tlascala, por ser un Estado amigo de ellos y enemistado encarnizadamente con los mexicas, y el 16 de agosto el ejército sale de Cempoala hacia el interior.
Pronto comienza el apacible ascenso que los eleva del calor sofocante y la vegetación abrumadora hacia regiones más frescas, y al caer el segundo día se llega a la hermosa Jalapa,3 un lugar de descanso entre la orilla del mar y la meseta superior.
Allí se vuelven de común acuerdo y miran hacia atrás. ¡Qué encanto! ¡Qué inexpresivamente refrescantes resultan estas tierras altas que se aproximan para los españoles, recién llegados del malsano istmo y de las islas cubiertas de selva, y cuyos antepasados no hacía mucho consideraban inhabitables todos los trópicos!; en la frontera, además, del reino de Moctezuma, envuelto en los suaves pliegues de la primavera perpetua. Ante los invasores se extienden las ardientes aguas del golfo, diligentes en su benévola peregrinación hacia tierras por lo demás congeladas e