Aún más halagüeñas propuestas llegaron de los caciques de ocho pueblos de Cohuaixtlahuacan,51 situados unas cuarenta leguas al sur, quienes ya habían ofrecido su lealtad en la ocasión en que el piloto Umbría pasó por primera vez por aquella provincia en busca de las minas de oro de Zacatula.52
Antes de abandonar Itzucan, Cortés fue llamado a designar un sucesor para el cacique fugitivo. Los candidatos eran un hijo bastardo del difunto cacique nativo, cuya muerte se había debido a Moctezuma, y el hijo de la hija legítima del gobernante fallecido, casada con el señor de Quauhquechollan.
El general, demasiado deseoso de complacer a un aliado tan leal, se decidió a favor del nieto, basándose en la legitimidad; pero como aún no tenía diez años, la regencia fue encomendada al tío bastardo, con la ayuda de algunos principales.53
El muchacho siguió al ejército para asimilar las ideas y la instrucción españolas, y recibió el bautismo poco después, con el nombre de Alonso,54 el primer príncipe cristiano en la Nueva España.
Otra expedición importante y a la vez difícil fue la de asegurar el camino a Villa Rica, en el que tantos españoles habían caído y que aún seguía siendo peligroso. Se encomendó a dos hombrescientos, con diez caballos y una gran fuerza de aliados.55 La primera reducción en este sector había sido Quecholac, donde el pillaje y la esclavitud constituyeron la represalia por los asesinatos cometidos,56 y Tecamachalco, que dio mayor trabajo antes de caer y rindió más de dos mil esclavos, además de un cuantioso botín.57 El castigo a estos distritos había dado una lección a las regiones orientales, de modo que ahora se encontró más penuria que combate, pues la marcha transcurría en gran parte a través de extensiones deshabitadas.