Narváez; otros adoptaron un punto de vista imparcial y reconocieron el mal de la discordia en un país apenas medio subyugado, mientras que otros estaban centrados únicamente en asegurar tesoros.
El sacerdote llevó una carta a Narváez, en la cual Cortés expresaba su alegría por encontrar a su viejo amigo al mando de la expedición, aunque lamentaba que se hubiesen tomado medidas hostiles contra él, quien, como servidor leal, retenía el país para el rey. Si Narváez traía una provisión real, bastaba con presentarla para ser obedecido; de lo contrario, estaba dispuesto a llegar a un acuerdo amistoso, ya que las hostilidades debían resultar perjudiciales no solo para ambos, sino también para la corona.41
Guevara respaldó estas expresiones recomendando un arreglo pacífico y la retirada a un nuevo territorio, pues Cortés era evidentemente leal y contaba con muchedumbres de indios para ayudarle a mantener su posición. Narváez no solo se negó a escuchar cualquier propuesta, sino que se indignó con el eclesiástico y sus compañeros por abogar por ellas. Sabía que las fuerzas de Cortés eran inferiores a las suyas, y a los indios no les temía.