zanjaba la cuestión en su mente de que este era el fin de las islas; de ahí los nombres de Boca de Términos y Laguna de Términos,12 que vinieron después.
Los templos que aquí se ven eran considerados por los españoles como lugares donde los comerciantes y cazadores hacían sus sacrificios.
Un lebrel, ávido en la persecución de la caza, omitió regresar a tiempo y se quedó atrás; cuando los españoles llegaron con Cortés, hallaron al animal bien alimentado y contento, pero sumamente feliz de verlos.
Antes de partir, Grijalva volvió a tomar posesión en nombre de España, «como si —gruñe Las Casas— no bastaran las mil posesiones ya tomadas».
En verdad, esta furiosa embestida contra un continente, repetida tantas veces, imponiendo a la fuerza a los habitantes una nueva religión y un nuevo rey, resultó poco más o menos tan eficaz como el avance de Calígula sobre Britania cuando, como preparativo para la travesía, formó a sus tropas en orden de batalla en la costa y dio la orden de recoger conchas marinas, el botín del océano conquistado.
Pasado el 8 de junio, y avanzando sigilosamente por la costa,13 echando ancora por la noche y levándola con el alba, llegaron a un río al que llamaron San Pedro y San Pablo, y luego a otro mayor, cuyo nombre nativo era Tabasco,14 por el cacique de la ciudad, pero que los españoles llamaron Grijalva, en honor de su comandante.
El aspecto de la naturaleza cambió aquí. Las colinas bajas y grises de la península dieron paso a elevaciones de un verde vivificador, hechas resplandecientes por arroyos grandes y frecuentes. > Audaces en el frente se alzaban las alturas conocidas hoy como San Gabriel; más allá continuaba el primer