Acompañado por las novias y una gran escolta, el ejército regresó ahora a Villa Rica. Allí encontraron recién llegado de Cuba un buque al mando de Francisco de Salcedo, apodado «el petimetre», quien junto con Luis Marín, un hábil oficial, y diez soldados, todos bien provistos de armas y con dos caballos, había venido en busca de fortuna bajo las órdenes de Cortés.16
Salcedo informó que Velázquez había recibido el nombramiento de adelantado sobre todas las tierras descubiertas por él o a su costa, con la quinceava parte de todas las rentas reales de allí provenientes.17
Benito Martin, el capellán, que había sido enviado para obtener la comisión, fue recompensado con el beneficio del nuevo descubrimiento en Ulua, que en realidad abarcaba todo México, mientras que el recientemente nombrado obispo de Cuba, el dominico Julián Garcés, confesor del obispo de Burgos, el protector de Velázquez, fue ascendido a la insignificante sede de Cozumel. Estos beneficios, basados en un conocimiento insuficiente del país, fueron rectificados más tarde, cuando Garcés fue nombrado obispo de Tlascala, mientras que Martin recibió otra compensación.18
Antes de la expedición de estas mercedes, parece que Yucatán, al menos, estuvo a un pelo de escaparse por completo de las manos españolas. A las primeras noticias de los descubrimientos de Córdoba, el almirante de Flandes se inclinó a pedir la tierra en merced, con el fin de poblarla con flamencos, y a solicitar también la gobernación de Cuba como medio para promover la colonia. Esto fue apoyado por Xèvres, el principal consejero en tales asuntos, quien sabía poco de las Indias y de las vastas extensiones a las que se hacía referencia, por lo que se dio la promesa. Las Casas se encontraba en España por entonces, y al ser consultado por el almirante sobre los medios para colonizar, se indignó ante la precipitada concesión de Cuba, la cual consideraba que pertenecía a