reparto se había hecho equitativamente conforme a lo convenido de antemano. Pero él no era avaricioso; todo lo que tenía era de ellos, y lo emplearía en su beneficio como lo haría un padre. Renunciaría al quinto que se le había asignado, si así lo deseaban, reteniendo únicamente su parte como capitán general; y además ayudaría a cualquiera que estuviera en necesidad. El tesoro asegurado hasta entonces era insignificante comparado con el que tenían por delante. ¿Qué importaban unos cuantos cientos de pesos más o menos en vista de las ricas minas, las grandes extensiones de tierra y la inmensa cantidad de pueblos, que eran todos suyos, siempre y cuando se mantuvieran lealmente unidos? > «Haré un señor de cada uno de ustedes —concluyó—, con tal de que guarden paz y paciencia».36 Y para dar mayor efecto a esta perorata, sobornó con regalos y promesas a los más influyentes para que pregonasen sus alabanzas; tras lo cual los murmullos se apagaron, aunque el rencor aún perduraba en muchos, a la espera de una
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CAPÍTULO XIX. POLÍTICA Y RELIGIÓN. 1520.
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