Su rápido éxito demostró que Cacama no tenía un arraigo muy grande en el pueblo, y ahora, cuando llegó la advertencia de Moctezuma, más de un jefe aconsejó prudencia por otros motivos que no fuera el miedo. Pero el rey tachó todas estas objeciones de cobardes, y parece incluso haber puesto bajo arresto a varios de aquellos de cuya falta de simpatía tenía motivos para sospechar.5
Su sangre era caliente y, confiando en las promesas de sus partidarios, se consideraba lo suficientemente fuerte como para desafiar a sus oponentes. Le envió recado a su tío de que, si tenía algún respeto por la dignidad de su cargo y el honor de su persona y su linaje, no se sometería mansamente a la esclavitud impuesta por un puñado de ladrones que, con lengua suave, buscaban encubrir sus ultrajes contra él y los dioses. Si él se negaba a levantarse en defensa de su religión, su trono y su libertad, Cacama no lo haría.6
Esta franca manifestación del sobrino a quien había ayudado a subir al trono asombró a Moctezuma tanto como hirió su orgullo,