que Ixtlilxochitl no fuera reacio a los acercamientos de sus hermanos, sobre todo porque no pretendía que esto interfiriera en absoluto con sus propios planes. El resultado de la negociación fue que se vio admitido con gran pompa en su ciudad paterna, en la cual esperaba algún día desplazar a Cacama. Infundido más que nunca por su ambición, se apresuró a interceptar al capitán español para promover personalmente sus puntos de vista e inducirlo a marchar hacia el norte, a Tezcuco y a su propia capital. Cortés estaba lleno de promesas, pero en ese momento no le convenía alterar el plan que había trazado, por lo que Ixtlilxochitl tuvo que
Es este encuentro sin duda el que ha sido erróneamente prolongado por varios historiadores hasta convertirse en una visita a Tezcuco.48
A medida que los españoles se acercaban a Iztapalapan,49 Cuitlahuatzin, hermano de Moctezuma y señor de la ciudad, salió al encuentro de sus huéspedes en compañía de Tezozomoc, señor de la vecina Culhuacan, y de otros caciques y nobles,50 para escoltarlos hasta sus aposentos en su palacio. La ciudad, con sus diez mil o doce mil casas, estaba construida en parte sobre pilotes y surcada por canales, a cuyos lados se levantaban edificios sólidos, principalmente de piedra, y una gran proporción de ellos, según el conquistador, «tan hermosos como los mejores de España, tanto en extensión como en fábrica». Los españoles quedaron maravillados ante la belleza del lugar. El palacio era particularmente hermoso y espacioso, con patios sombreados por toldos de colores vivos y bordeados de cómodos aposentos. Contiguo a este, y dominado por un gran pabellón, se extendía un vasto jardín, dividido en cuatro cuadrados por setos de cañas entrelazadas que estaban completamente cubiertos de rosas y otras flores. Caminos sombreados partían en todas direcciones, ya bordeando canteros de plantas raras recolectadas en regiones remotas, ya adentrándose en huertos