avanzaron por calles contiguas con destacamentos.6
Uno de los resultados de los éxitos españoles fue la sumisión de todos los pueblos amenazadores y neutrales de los lagos e islas del sur y sudoeste de México, desde Iztapalapan y Culhuacan hasta Cuitlahuac.
A dar este paso se habían visto impulsados en parte por las repetidas incursiones de los confederados chalcas, y dado que su rendición había sido muy tardía, se les empleó principalmente como peones y abastecedores.
Gomara calcula ahora que los auxiliares nativos ascendían a doscientos hombres, «unos dedicados a pelear, otros a comer, otros a robar y muchos a mirar».7
Estos pueblos lacustres, conocidos como chinamnecas por sus jardines flotantes y su vida acuática, poseían canoas en abundancia, y Cortés se valió de ello para reforzar la flota de bloqueo con una flotilla de barcos, tres mil en total, que hostigaban la ciudad por todas partes, adentrándose en los canales para incendiar y saquear, y desembarcando partidas que sembraban la desolación por todos los suburbios.