tanta alevosía y tramaron tanta crueldad como sus pretendidas víctimas al tomar represalias. Es cierto que habían sido obligados mediante amenazas, y mediante la exhibición de una fuerza aparentemente superior, a una sumisión que difícilmente podían soportar, y que estaban justificados al dar un golpe por la libertad, especialmente cuando eran alentados, u ordenados, por el gran monarca; pero no tenían derecho a quejarse si sufrían el castigo que en todas partes se asigna a la traición; y los cholultecas gozaban de una reputación poco envidiable a este respecto. Los registros indígenas afirman naturalmente su inocencia; pero incluso si ignoramos la confesión de los indios, como motivada por el temor a sus jueces y amos, o como teñida por franciscanos cuyo protector era Cortés, y si pasamos por alto todo testimonio oficial, debemos admitir aún que había pruebas suficientes para justificar al general en una medida que consideraba necesaria para la
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CAPÍTULO XIV. SOJUZGAMIENTO DE CHOLULA. Octubre de 1519.
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