la positividad inescrupulosa inseparable aquí del éxito permanente. Era resuelto para superar las dificultades, y era lo suficientemente fuerte y astuto en la ejecución de cualquier gran empresa, sobre todo mientras la fortuna lo favorecía; pero no era rival para los de mente sutil de su propia nación, quienes lo abrumaban con su despliegue de erudición, respaldado por formas imponentes.
Todos los escritores contemporáneos hablan bien de él; asimismo todos los cronistas, excepto Gómara, que no le concede lugar a la caballería salvo en su mimado y mecenas, Cortés. El soldado Bernal Díaz lo declara un oficial de lo más digno. Los historiadores Oviedo y Herrera lo llaman un hombre apuesto, cabalmente leal, y nunca remiso para el combate. Sin embargo, se nos dice que algunos lo censuraban, mientras que otros lo maldecían sin ambages por su escrupulosidad, debido a que no desobedeció las órdenes ni aprovechó la oportunidad.
Tan dispuestos estaban a enzarzarse en el falaz argumento de que era correcto hacer el mal si de ello podía derivarse el bien. Desobedecer a Velázquez, decían, no era quebrantar ninguna ley divina; olvidando que el gobernador derivaba su autoridad del rey, y el rey del Todopoderoso. A decir verdad, cuando la fuerza por sí sola es la norma del bien, entonces la honradez no es la mejor política. Por un tiempo se mantuvo con una actitud valiente, consciente de su integridad, aunque bien podemos decir que el golpe que aquí le dio la desgracia lo abatió para siempre.11 ¡Entre tanto, paciencia, buen gobernador!
Pues muy pronto surgirá un agente capaz de jugar astutas tretas para tu amplia satisfacción.
Antes del regreso de Grijalva, el interés por la nueva expedición ya se había elevado a un torbellino de entusiasmo; y a medida que los