planeado una nueva expedición, en la cual Grijalva no iba a participar. Este último se sintió herido de muerte. Le había concedido un gran beneficio a este tío suyo que parecía un Tiberio; pero así como el afecto se intensifica al otorgar beneficios, a menudo disminuye al recibirlos. No mucho después, Juan de Salcedo fue enviado a Santo Domingo en busca de permiso para colonizar la Nueva España, y Benito Martín, capellán y hombre de negocios, fue despachado a España10 con un informe detallado del descubrimiento y oro para el obispo de Burgos. La prisa le pareció necesaria a Velázquez, no fuera que alguien se adelantara y lo despojara de los honores y emolumentos obtenidos gracias a los esfuerzos de Grijalva. Tampoco se olvidó al licenciado Zapata ni al secretario Conchillos; y tan felizmente se distribuyeron los pueblos de indios de Cuba entre estos concienzudos hombres de España, que Velázquez obtuvo todas sus peticiones, añadiéndose además el título de adelantado de Cuba.
¡Cuán diferente la catadura de estos dos hombres, Velázquez y Grijalva, y cuán distintos ambos