mantener el sitio o incluso de sostener su propia posición, en particular si se cortaban los suministros, y se verían así obligados a retirarse. Muchos, en efecto, consideraban a los españoles condenados, y cansados además del largo asedio, tan contrario a las ideas nativas de la guerra, cuerpo tras cuerpo de sus aliados fue desapareciendo en retirada secreta hacia sus hogares. Otros se sentían lo bastante vacilantes en sus creencias como para perder todo ardor, más aún cuando recordaban la profecía de desastre pronunciada por el ahorcado Xicotencatl. Cortés y sus oficiales hicieron todo lo posible por contrarrestar esta influencia aludiendo a fracasos anteriores de los oráculos, al porcentaje comparativamente pequeño de las recientes pérdidas, a la crítica condición de los sitiados y a sus esfuerzos por obtener ventajas mediante la difusión de mentiras. Que los aliados resistieran tan solo hasta el final del plazo mencionado por el oráculo y se convencerían de su falsedad. El último argumento era tal vez el más sólido que podía ofrecerse dadas las circunstancias, y se decidió no correr ningún riesgo que pudiera poner en peligro tal demostración.38
Estas precauciones eran imperativas en vista del efecto de las maquinaciones