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Compensación

Así predican todas las cosas la indiferencia de las circunstancias. El hombre lo es todo. Todo tiene dos caras, una buena y otra mala. Toda ventaja tiene su tributo. Aprendo a estar contento. Pero la doctrina de la compensación no es la doctrina de la indiferencia. Los insensatos dicen, al oír estas afirmaciones: ¿De qué sirve obrar bien? Hay un mismo desenlace para el bien y para el mal; si obtengo algún bien, debo pagarlo; si pierdo algún bien, gano otro; todas las acciones son indiferentes.

Hay un hecho más hondo en el alma que la compensación, a saber, su propia naturaleza. El alma no es una compensación, sino una vida. El alma es . Bajo todo este mar movedizo de circunstancias, cuyas aguas fluyen y refluyen con perfecto equilibrio, yace el abismo originario del Ser real. La Esencia, o Dios, no es una relación ni una parte, sino el todo. El Ser es el vasto afirmativo, que excluye la negación, autoequilibrado, y que devora todas las relaciones, partes y tiempos dentro de sí mismo. La naturaleza, la verdad, la virtud, son

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