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Confianza en uno mismo

Pero cuando a su ira femenina se añade la indignación del pueblo, cuando los ignorantes y los pobres se alientan, cuando la fuerza bruta e ininteligente que yace en el fondo de la sociedad se hace gruñir y hacer muecas, se necesita el hábito de la magnanimidad y la religión para tratarlo de manera divina como a una minucia sin importancia.

El otro terror que nos aparta de la confianza en uno mismo es nuestra consistencia; la reverencia por nuestros actos o palabras pasados porque los ojos de los demás no tienen otros datos para calcular nuestra órbita que nuestros actos pasados, y somos reacios a decepcionarlos.

¿Pero por qué has de mirar siempre por encima del hombro? ¿Por qué arrastrar este cadáver de tu memoria, por temor a contradecir algo que hayas afirmado en este o aquel lugar público?

Supongamos que te contradices; ¿y qué?

Parece ser una regla de sabiduría no fiarse jamás de la memoria sola, casi ni siquiera en los actos de pura memoria, sino someter el pasado al juicio del presente de los mil ojos, y vivir siempre en un día nuevo.

En tu metafísica le has negado la personalidad a la Divinidad, mas cuando lleguen los devotos arrebatos del alma, entrégales corazón y vida, aunque vistan a Dios de forma y color.

Deja tu teoría, como José su capa en manos de la ramera, y huye.

Una necia consistencia es el duendecillo de las mentes pequeñas, adorada por pequeños hombres de Estado, filósofos y eclesiásticos. Con la consistencia, un gran espíritu no tiene simplemente nada que ver. Bien podría ocuparse de su sombra en la pared. Di lo que piensas ahora con palabras duras y mañana di lo que piense el mañana con palabras duras de nuevo, aunque contradiga todo lo que dijiste hoy.⁠—«Ah, así seguro

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