tienen menos facultades, y uno se siente triste y no sabe bien qué hacer al respecto. Casi esquiva su mirada; teme que le echen la culpa a Dios. ¿Qué deberían hacer? Parece una gran injusticia. Pero obsérvense los hechos de cerca y estas desigualdades montañosas se desvanecen. El amor las reduce como el sol derrite el iceberg en el mar. Siendo el corazón y el alma de todos los hombres uno, esta amargura de lo Tuyo y lo Mío cesa. Lo suyo es mío. Yo soy mi hermano y mi hermano soy yo. Si me siento ensombrecido y superado por grandes vecinos, aún puedo amar; todavía puedo recibir; y aquel que ama hace suya la grandeza que ama. Mediante ello descubro que mi hermano es mi guardián, que actúa por mí con los más amistosos designios, y la hacienda que tanto admiré y envidié es mía. Es la naturaleza del alma apropiarse de todas las cosas. Jesús y Shakespeare son fragmentos del alma, y mediante el amor los conquisto y los incorporo a mi propio dominio consciente. Su virtud, ¿no es la mía? Su ingenio, si no puede hacerse mío, no es ingenio.
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Compensación
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