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Leyes espirituales

No en la naturaleza sino en el hombre se halla toda la belleza y el valor que ve. El mundo está muy vacío, y le debe a esta alma que dora y exalta todo su orgullo.

“La tierra llena su regazo de esplendores” que no son suyos.

El valle de Tempe, Tívoli y Roma son tierra y agua, rocas y cielo. Hay tierra y agua tan buenas como esas en mil lugares, ¡y sin embargo qué indiferentes nos dejan!

Las personas no son mejores por el sol y la luna, el horizonte y los árboles; como no se observa que los guardianes de las galerías romanas o los criados de los pintores tengan ninguna elevación de pensamiento, ni que los bibliotecarios sean hombres más sabios que los demás.

Hay gracias en el talante de una persona pulida y noble que pasan desapercibidas ante los ojos de un grosero. Estas son como las estrellas cuya luz aún no nos ha alcanzado.

Él puede ver lo que hace. Nuestros sueños son la secuela de nuestro conocimiento en la vigilia. Las visiones de la noche guardan cierta proporción con las visiones del día. Los sueños espantosos son exageraciones de los pecados del día. Vemos nuestras malas

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