saben”. En los desiertos de Borgoo, los tibboos de las rocas todavía moran en cuevas, como aviones roqueros, y el lenguaje de estos negros es comparado por sus vecinos con el chirrido de los murciélagos y el silbido de los aves. A su vez, los bornoos no tienen nombres propios; a los individuos se les llama por su altura, grosor u otra cualidad accidental, y solo tienen apodos. Pero la sal, los dátiles, el marfil y el oro, por los que se visitan estas horribles regiones, llegan a países donde el comprador y el consumidor difícilmente pueden clasificarse en la misma raza que estos caníbales y traficantes de hombres; países donde el hombre se sirve de metales, madera, piedra, vidrio, goma, algodón, seda y lana; se honra a sí mismo con la arquitectura; escribe leyes y se ingenia para ejecutar su voluntad a través de las manos de muchas naciones; y, especialmente, establece una sociedad selecta, que atraviesa todos los países de hombres inteligentes, una aristocracia autoconstituida, o fraternidad de los mejores, que, sin ley escrita ni uso exacto de ninguna especie, se perpetúa a sí misma, coloniza cada isla recién plantada y adopta y hace suya cualquier belleza personal o dote nativa extraordinaria que aparezca en cualquier
¿Qué hecho hay más ostensible en la historia moderna que la creación del caballero? La caballería es eso, y la lealtad es eso, y, en la literatura inglesa, la mitad del drama y todas las novelas, desde Sir Philip Sidney hasta Sir Walter Scott, pintan esta figura. La palabra caballero, que, al igual que la palabra cristiano, habrá de caracterizar en adelante al presente y a los pocos siglos precedentes por la importancia que se le atribuye, es un homenaje a las propiedades personales e incomunicables. Añadidos frívolos y fantásticos se han asociado al nombre, pero el constante interés de la humanidad en él debe atribuirse a las valiosas propiedades que designa. Un elemento que une a todas las personas más enérgicas de cada país; las hace inteligibles y gratas las unas a las otras, y es algo tan preciso que se nota de inmediato si un individuo carece del signo masónico, no puede ser ningún producto casual, sino que debe ser un resultado medio